Sunday, October 07, 2012

Miedos, Poe, Berenice, Corben...

Estamos impregnados de miedos atávicos; es un hecho innegable. Uno de ellos es el miedo de perder los dientes y molares. Heraldo de la vejez su pérdida, en tiempos primitivos prácticamente significaba una muerte segura. Ahora, cuando la época ha cambiado, aún tenemos reminiscencias del pasado. ¿Quién no ha soñado alguna vez  encontrarse en la tesitura de que se le movían los dientes para que a continuación, inevitablemente y con agustia creciente,  estos se desprendían uno a uno, hasta llegar el liberador despertar.

Poe, un verdadero superdotado de la escritura (policial, terror, humor, fantasía, aventura, ensayo científico y literario, poesía) tuvo una vida muy desgraciada. La pérdida de sus progenitores a una edad muy temprana le marcó profundamente.  En sus relatos sobre mujeres siempre está la muerte por medio. Enamorado de su prima Virginia, apenas una adolescente, también la muerte hizo acto de presencia. La probable causa de estas muertes, la tuberculosis, es retratada en varios cuentos y poemas como en La máscara de la muerte roja, Morella y Annabel Lee.

En Berenice (1835), un escalofriante cuento de terror (que fue censurado en posteriores ediciones debido a las quejas de los lectores impactados por su violencia, especialmente la escena en que Egaeus se percata en el velatorio de que su prima está viva), se cuenta la obsesión por la dentadura de Berenice. Un objeto que se nos presenta inalcanzable, pero, cual deux ex maquina, la aparente muerte de Berenice, supondrá la ocasión que Egaeus estaba esperando. Inolvidable, el final de la historia, donde se revela el contenido de cierta caja...

... and in my tremor, it slipped from my hands, and fell heavily, and burst into pieces; and from it, with a rattling sound, there rolled out some instruments of dental surgery, intermingled with thirty-two small, white and ivory-looking substances that were scattered to and fro about the floor.

Corben, en su segunda aproximación a la infausta Berenice, esta vez en color digital y con guión propio (su objetivo es mantener el control total de su próxima obra), consigue transmitir la sensación de horror y turbación. Acentuado el carácter perturbado, alienación extrema debida a la obsesión por el estudio del protagonista y creando a una andrógina Berenice, Corben consigue mejorar su anterior adaptación de la historia, al menos en fidelidad. A destacar, el epílogo, un inesperado giro final que rompe con el tono general de la adaptación conllevándonos a las primeras historias urderground del maestro, donde la sátira era una norma imperante.